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Esta nota salió en el periódico La Patria de Oruro y al sólo leer el titular me llamó bastante la atención por el tenor de la misma y también al conocer por foto al quizás el último gran patriota y ex combatiente de la guerra del chaco en Villazón. Según a mi modesto punto de vista Don Absolón Rivera es un digno personaje del Centenario. Espero que se le haya congratulado y premiado como reconocimiento. Para no dar más vueltas les invito a dar lectura del artículo tal cual. “Salíamos de las trincheras gritando Viva Bolivia, mueran los pilas” •Por: Marco A. Flores Nogales - Periodista
VILLAZON.- Lejos de las grandes ciudades de Bolivia, en el extremo sur
del mapa se encuentra la población fronteriza de Villazón, sus calles de
tierra cambiaron, ahora son pavimentadas, existe mucho comercio, no era
para menos porque a pocos metros está la línea fronteriza con la
Argentina.
El frío es crudo, por la época, la vieja estación del
ferrocarril permanece intacta, al igual que el puente sobre el río que
naturalmente divide ambos países hermanos. A pocos metros del lugar, en
el denominado sector de la terminal se encuentra ubicada la sede de la
Federación Provincial de Excombatientes de la Guerra de Chaco, una
persona trabaja como secretaria, pero no fue habida en el lugar, luego
entendimos el motivo que en principio causó sorpresa y tristeza.
Resulta
que en la población de Villazón existe con vida un benemérito de la
Patria, no es de sorprenderse, porque la mayoría de ellos superan los 95
años de vida. Absalón Rivera, era el nombre de referencia que
recordaban los amables habitantes de la población fronteriza. Sin duda resultó ser un personaje muy querido al que en pocos minutos
tendríamos la suerte de conocer en una vieja casona, alejada del
bullicio de un mundo agitado y presuroso que ya no hace un alto para
mirar atrás y recordar a sus héroes.
Ubicar la casa del benemérito no fue muy difícil, en el pueblo todos se conocen y mucho más a nuestro personaje.
Apoyado
por un bastón, con mucha dificultad para caminar y con el rostro
visiblemente cansado por el paso del tiempo, se presentó la figura de
Absalón Rivera, sus ojos nunca dejaron de mirar hacia el frente, tomó
asiento en la sala de su casa, apoyó su bastón en las piernas, tal vez
como lo hizo hace muchos años con su fusil.
El frío invernal y al
estar dos desconocidos frente a frente congeló en un principio la
conversación. Hace tiempo y por las tantas entrevistas realizadas
perfectamente se comprende que los ancianos son muy desconfiados.
Las nietas de Absalón, ayudaron a romper el hielo, además de una estufa que rápidamente fue encendida para calentar el ambiente.
A
diferencia de otros entrevistados y por primera vez tropezamos con un
verdadero problema comunicacional, el benemérito por su avanzada edad
había perdido casi por completo su capacidad para hablar.
Lo que
debería ser una larga entrevista como muchas otras, se convirtió en un
silencio frustrante que hasta se podía escuchar la respiración del
último guerrero de Villazón.
Los ojos de aquel hombre brillaron y
un gesto de coraje, desafiando a su propio cuerpo empezó a pronunciar
algunas palabras, claro estaba que Absalón Rivera quería contar su
verdad, quería ser oído, deseaba con el corazón que su historia sea
conocida por Bolivia.
De esa forma se inició una conversación muy
pausada y hasta especial, fue como armar un rompecabezas en el aire,
pero al final después de muchos minutos se había construido una corta
pero linda historia de otro valiente soldado boliviano que al llamado de
su Patria se presentó en un cuartel y armado de valor fue al Chaco a
vencer o morir, además de escribir su propia historia hasta ahora
desconocida.
Absalón nació el 22 de junio de 1915, en Nazareno,
Provincia Sud Chichas, sus padres fueron Moisés Blacut e Isidora Rivera
.Luego de la guerra se casó con Severina Soza Yáñez y tuvieron una bella
hija llamada Betty Rivera Soza, la cual le dio 4 hermosos nietos:
Nelson, Martín, Yandira e Isabel De La Quintana Rivera.
Se
desempeño como Juez Agrario en toda la Provincia Modesto Omiste, con el
tiempo se fueron a vivir a la ciudad de La Paz y ya en su senectud
volvió a Villazón cuando falleció su esposa y lamentablemente también le
tocó vivir la muerte de su única hija. Su residencia actual sigue
siendo Villazón en la cual vive con sus nietas que retornaron para
cuidarle, y gracias a Dios goza de buena salud.
TESTIMONIO
En
1930, conocí el Chaco con mi padre que era hijo de un alemán y estudió
en Inglaterra la profesión de Ingeniería de Minas. En el Chaco vimos
como el petróleo era llevado a la Argentina a escondidas por la empresa
Stardar Oil Compañy, eso fue denunciado al gobierno.
Yo tenía 19
años cuando me presenté al cuartel en la población de Tupiza, me
incorporaron al Destacamento 322, caminando nos llevaron al Chaco,
pasando por Sococha, Fulario que era un puesto militar donde estaban
reclutando a los campesinos, luego llegamos a Quebrada Onda, Campos de
Tajsara hasta llegar a Tarija.
Seguimos la marcha llegando a
Villamontes y pasando en canoas el río Pilcomayo, hasta llegar a la zona
de operaciones, donde me incorporaron al Regimiento Lanza 5 de
Caballería.
Los disparos eran a diestra y siniestra era una orden
terminante luchar y morir por la Patria, con ese lema los soldados
bolivianos llenos de coraje y valor salíamos de las trincheras al asalto
gritando “Viva Bolivia, mueran los pilas”.
Con mi regimiento defendimos los sectores petrolíferos de Caicandia, Caipipendi.
Recuerdo
que hubo una gran batalla en el asalto y la retoma de Tarairí, Charagua
y Casa Alta, combates en los cuales hubo muchos muertos paraguayos y
gracias a Dios en mi regimiento hubo pocas bajas de soldados que
murieron por las balas del enemigo.
Al ver caer muerto a un
soldado boliviano no se podía hacer nada y teníamos que pasar por encima
de su cadáver y seguir combatiendo por nuestra Patria. Pero, otros
bolivianos murieron por el clima, porque en el Chaco la temperatura era
de 45 grados centígrados bajo la sombra, la insolación era otro
adversario que muchos compatriotas no pudieron vencer y quedaron muertos
en los campos de batalla.
Pero, muchos bolivianos preferíamos
morir a balazos antes que caer por la insolación o la falta de agua y
sacábamos fuerzas de donde no había para seguir combatiendo hasta
derramar la última gota de sangre de nuestros cuerpos desnutridos.
Lamentablemente,
cuando estaba en campaña caí enfermo y por mi malogrado estado de salud
fui evacuado en primara instancia a un hospital de Villamontes y
posteriormente hasta Tarija. En el hospital conocí al Cnl. Dr. Isaac
Mardoqueo Salomón, quien resultó ser hijo de un alemán.
Nunca
olvidaré lo que me dijo: “Tú, Absalón, yo Salomón, hijo de paisano”; con
ese doctor hicimos una linda amistad el tiempo que estaba enfermo.
El
14 de junio de 1935, llegó el cese de hostilidades, la guerra se había
terminado por el agotamiento del combustible humano que alimentaba la
hoguera bélica. A los tres meses me dieron de alta del hospital y me
mandaron a Tupiza, donde el 30 de septiembre de 1935 me dieron mi
licenciamiento con el grado de cabo.
Hace poco se recordó el cese
de hostilidades y aún recuerdo que fue una guerra amarga, una
experiencia dolorosa, una muestra de heroísmo inútil, porque luchamos
tanto, para que por un tratado el Paraguay se quedara con gran parte del
territorio en disputa, pero me reconforta el sentido del deber
cumplido.
Ahora con más de nueve décadas de vida, me siento
cansado, pero siempre con el mismo entusiasmo de seguir luchando por mi
querida Bolivia, me siento feliz por haber ayudado a muchos de mis
camaradas, y luego a su viudas para que gocen de su renta vitalicia,
mientras desempeñé el cargo de presidente de la Federación Provincial de
Excombatientes de la Guerra del Chaco de Villazón.
Los beneméritos de la Patria merecen gratitud y respeto de su pueblo….
BENEMERITO
Había
concluido una linda e inusual conversación, nuevamente el silencio cae
como un manto sobre el guerrero. Faltaba aún tomarle algunas
fotografías, el flash de la cámara rompe el silencio, Absalón nuevamente
nos mira fijamente, trata de colocarse en una posición erguida, nos
regala su mejor perfil, mientras que las nietas se movilizan rápidamente
y regresan cargadas de las medallas de guerra que orgullosas guardan.
Empiezan
a colgar cada una de las medallas en el pecho de su abuelo con mucho
cariño y afecto, como si lo prepararan para su último desfile. “Ahora sí
le puede sacar más fotos” me dice una de las nietas.
De repente
aparece un fusil y cinturón (balero), entonces nuestro guerrero es
armado para la foto de la posteridad, no podía faltar su calatrava
(gorro). Era como volver 75 años atrás y ver al joven guerrero listo
para partir al frente de batalla, pero ahora era un nonagenario hombre
que aún tiene la fuerza necesaria para sostener un fusil.
El
momento más emotivo de aquella tarde fría, fue la despedida y cuando una
de las nietas con voz fuerte le dijo: “Firme soldado”. Entonces Absalón
Rivera juntó los talones de las piernas, sacó el pecho, nos miró
fijamente, alzó su mano derecha, juntó y estiró los dedos de su mano y
con total solemnidad llevó la diestra a la sien.
Nos saludó como
hace 75 años, nos dio el adiós con mucho civismo. El corazón de aquel
hombre aún se agita cuando recuerda la Guerra del Chaco, una guerra que
para él aún está por terminar con el último suspiro.

Con una de sus nietas 
A su edad, aún conserva la marcialidad 
Los más de 90 años pesan en su humanidad Y para finalizar esta excelente imagen extraida de facebook, un símbolo verdadero. Mis respetos para él y su familia. El lugar de la foto es en la Plazoleta Simón Bolivar en ocación del desfile del 20 de mayo.

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Comentarios
Humberto
El autor
Felicitaciones al Sr. Flores Nogales por los testimonios, pues no hay que cortar el hilo de la memoria, sobre todo de una guerra que ha definido el resto de nuestra historia, incluso hasta nuestros días.
Asi que lo verdaderos Benemeritos estan muertos, el resto es solo cuento.
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