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    lunes, 10 de mayo de 2010

    Villazón nació con identidad argentino-tarijeña

    Amigos esta nota salió en el periódico La Patria de Oruro por Maria Elena Chambi, en su contexto hay mucha historia y un personaje que es mi vecino. Les dejo con la nota:

    La línea férrea entre La Quiaca y Jujuy (Argentina) fue un aspecto importante, quizás el central para la formación de la ahora ciudad intermedia, Villazón, ubicada en el extremo sur de Bolivia, frontera precisamente con ese país vecino y cuya población actual supera los 36.000 habitantes según el Instituto Nacional de Estadística.

    Esta población sureña que cumple su centenario en este año, está a 3.447 metros sobre el nivel del mar, tiene variedad de climas, sus comunidades aledañas son valles cálidos y en la capital el frío arrecia, sobre todo en las estaciones de otoño e invierno, sin embargo, eso no impide el crecimiento de su población que se caracteriza en la actualidad, por acoger a comerciantes que llegan de todo el país, quienes atraídos por su calidad de frontera, explotan su actividad.

    El ferrocarril Villazón-Oruro -antes hasta La Paz – fue el nudo central que dio vida a esta población y además marcó los hitos fronterizos entre Bolivia y Argentina.

    Villazón junto a La Quiaca (Argentina) son como hermanos gemelos, de hecho, para la construcción de la línea férrea boliviana, fueron dos latifundistas influyentes en las políticas nacionales, un boliviano y otro argentino, quienes decidieron las rutas por donde pasarían los rieles.

    “Pinto Escalier y Patrón Costas, ambos se agarraron de la mano y ellos determinaron que vaya por sus fincas, por eso la ruta del ferrocarril tiene ese trayecto en la actualidad. Por la influencia económica política de ambos”, afirma Silvano Calle, el poblador más antiguo e informado de esa localidad.

    Calle (85), fue dirigente sindicalista del transporte en Villazón y principal impulsor de la existencia de la federación de transporte en esa provincia, sus paisanos dicen que es el primer socialista del pueblo.

    Según Calle, Pinto Escalier fue uno de los políticos terratenientes más importantes del siglo XVIII y XIX en Bolivia, él vivía en Argentina y anualmente llegaba a pasar vacaciones a sus fincas bolivianas situadas en los alrededores de Villazón.

    “Su propiedad alcanzaba desde Sococha hasta Talina y de Villazón hasta Arenales y los campesinos en esta región usaban pañuelo al cuello, siempre fueron castellanizados y no practicaban ningún dialecto. Incluso no sabían si eran bolivianos o argentinos, porque era uno solo el territorio, ellos respondían por su origen a una sola región. Después de haberse creado La Quiaca recién se establecen los límites”, sostiene.

    Sin embargo, queda claro que lo que determinó el progreso de ese pueblo fronterizo es el ferrocarril, que por entonces fue Argentina quien influyó para que éste vaya por Uyuni donde se encontraba la mina más grande e importante en la colonia, Huanchaca en la localidad de Pulacayo y de ese modo se apuntaba a realizar negocios con Chile.

    A cinco años de existencia Villazón la necesidad de contar con esa vía de comunicación era tal, que el 20 de septiembre de 1915, día de la firma del primer contrato entre el Estado boliviano y la empresa constructora francesa del ferrocarril, sus pobladores embanderaron el pueblo desde tempranas horas con las enseñas patrias de Argentina, Bolivia y Francia.

    El 24 de agosto de 1925 fue la fecha más trascendental para los villazonences y por supuesto también para los quiaqueños, porque ese día se entregó de manera oficial el servicio público del ferrocarril Villazón-Atocha de 97 kilómetros de recorrido, construido en primera instancia por la empresa Augusto Vezín y finalizada por la norteamericana Ulen Contractign Corporation tras diez largos años de espera.

    Este ferrocarril llegaba hasta Atocha, cantón de Sud Chichas, donde se unía al tren del occidente construido por la empresa Bolivian Railway y que se dirigía hasta La Paz.

    A mediados de ese año las estaciones de tren intermedias entre Villazón y Atocha estaban construidas en su totalidad, pero la influencia del vecino país fue tal que el gobierno se dio la tarea de cambiar el nombre de cada una de ellas a través de un decreto supremo cuyo texto señala: “En memoria de los héroes argentinos que contribuyeron a la independencia de la República y para que perdure el espíritu cívico de los bolivianos por haber derramado y mezclado su sangre en los campos de batalla altoperuanos. La estación de Nazareno fue cambiada por General Balcarce; la de Río Mulatos, General Cornelio Saavedra; la de Yuruma, General Arenales y la Mojo General Medinaceli”.

    “El tren de entonces trabajaba con carbón de piedra, que era muy caro”, dice Silvano Calle, pero asegura que por esa región crecían las plantas de churqui. De este arbusto se extrae el carbón, que suele tener mucha calda. “El churqui sustituyó al combustible caro, sobre todo en Mojo y Moraya, donde cargaban vagones de éste, porque además era la única zona donde se podían proveer”.

    DE LA QUIACA BOLIVIANA A PROVINCIA MODESTO OMISTE

    La Quiaca Boliviana, ahora Villazón, se organizó en base a la expropiación de terrenos donde culminaba el ferrocarril Central Norte Argentino, por decreto supremo de 2 de mayo de 1910 firmado por el entonces presidente Eliodoro Villazón y el 6 del mismo mes el gobierno emitió una Resolución Suprema en la que aprobó la escritura de compra-venta de un sitio para la fundación del pueblo con la extensión de un kilómetro, terreno otorgado por Asunción, Francisco y Froilán Arraya, a favor del gobierno, que en ese momento estaba representado por el Administrador de Aduana de Tupiza, Manuel María Deheza.

    El nombre Villazón no existe en los documentos oficiales del Estado boliviano hasta 1923, decretos supremos y otros instrumentos legales nacionales referidos al pueblo de Villazón indican a esa región con el nombre “La Quiaca” y en algunos casos de manera indistinta, “La Quiaca (boliviana)”. Sin embargo, el administrador de la aduana de Tupiza, Manuel María Deheza, elaboró un acta en la cual se atribuye fundador de ese pueblo, por autorización del ministro de Hacienda, Arturo Loaiza. Lo cierto es que no existe una ley que avale esa fundación.

    Excepcionalmente en 1911, un decreto supremo menciona el nombre Villazón al elevar a rango de Aduana Nacional la que hasta entonces era Aduanilla de La Quiaca boliviana, que por supuesto tras un año del nacimiento oficial del pueblo ya existían importantes internaciones de mercadería argentina, tanto así que ese mismo año se abrió la primera agencia despachadora a cargo de Francisco Thiel como regente.

    Hasta 1950, Villazón que aún no era provincia, contaba con 7.414 habitantes, cuya población urbana alcanzaba a 6.261 y la rural era de 1.153, casi igual a Tupiza que tenía 8.837 habitantes y era capital de la provincia Sud Chichas. De hecho las autoridades eran oriundas de Tupiza y llegaban hasta la frontera para cumplir sus funciones.

    “Habían intendentes municipales y eran tupiceños. ¡Pero además querían convertir a la provincia Sud Chichas en departamento Chorolque, sin que ni siquiera Villazón sea provincia!”, cuenta indignado Silvano Calle.

    Sin embargo, un grupo de jóvenes universitarios inquietos entre los cuales estaban Carlos Flores, Luis Plaza y José Ochoa, identificaron a mediados de 1950 que el lugar donde vivían todavía era un latifundio y decidieron constituirlo en provincia o ser parte de Tarija. “Nos reunimos en la biblioteca municipal y llamamos al pueblo, que al mismo tiempo nos apoyó, entonces llegó la delegación de Tupiza, entre los cuales estaba el Vicepresidente de la República, Enrique Baldiviezo y dejamos sentada nuestra posición en un manifiesto, que fue aceptado”, cuenta Calle.

    En 1958 Villazón por fin logró su objetivo, se constituyó como capital de la provincia Modesto Omiste con una ley aprobada por el Congreso y fue entonces que empezó a tener vida propia, pues dejó de depender de Tupiza.

    Las manifestaciones culturales, deportivas y por supuesto la economía independiente terminaron de consolidar el desarrollo de Villazón y dejar claros los límites, de tal modo que el 9 de julio de 1960, el gobierno argentino inauguró el puente internacional que une y divide al mismo tiempo la frontera entre Argentina y Bolivia.

    CLUBES DEPORTIVOS

    Los villazonences al estar tan hermanados con el país vecino también organizaron el año 1945 el primer club boliviano de fútbol con nombre argentino “Club Atlético Huracán”, con el mismo logotipo y colores que el original. El primer presidente de ese club, Gerardo Mur Romero, explica que dieron nacimiento a su club con la recolección de aportes de los socios y la inquietud de sobresalir como jóvenes en actividades deportivas, culturales y sociales y lo hicieron con gran impulso que tras dos años de vida ganaron el campeonato del pueblo.

    Definitivamente la actividad deportiva en ese pueblo fronterizo no solo sirvió para confraternizar entre ambos países, sino también para convivir y compartir de tal manera que cuando se asistía a campeonatos nacionales, la representación de Villazón incluía a los mejores jugadores de La Quiaca (Argentina) como bolivianos.

    “Una vez que fue provincia Villazón, recién pudimos tener clubs de fútbol y básquet propios con representación internacional”, afirma Ernesto Chambi Alcázar, fundador del club Huracán.

    La relación internacional deportiva llegó al nivel que entre 1963 y 68 se hacían campeonatos octogonales internacionales con equipos de La Quiaca y de Villazón. Esportivo, Libertad, Lavalle, Atlético, (argentinos) que solían traer jugadores desde Tilcara y por otro lado, Strongest, Huracán, Independiente y Bolívar (bolivianos), que se reforzaban con jugadores de Tupiza, comenta Chambi.

    Un año organizaba el campeonato Bolivia y otro Argentina y generalmente salían campeones los equipos de La Quiaca, lo que mermaba la participación de los hinchas villazonences en los partidos de fútbol, al final la clausura se la realizaba con fiestas formales de honor.

    TARIJA QUERIDA POR UN PUEBLO POTOSINO

    Tarija, es un departamento noble para los villazonences, es más querido que la propia capital departamental, Potosí. Pero ese sentimiento nace a principios del siglo pasado, cuando las autoridades chapacas impulsan el camino de integración a la Argentina por Villazón.

    De ese modo organizan en 1917 una “Junta impulsora del camino de automóviles” compuesta por el prefecto del Departamento de Tarija, el Concejo Municipal, el Presidente de la Corte Superior del Distrito, el de la Cámara de Comercio y dos vocales que eran vecinos notables designados por el Ejecutivo, ellos se encargaban de supervigilar las obras y hacer un examen de las cuentas mensuales emitidas por el Ministerio de Fomento. Se llamaba así la junta, porque recién entonces llegaron los automóviles a esa población pues antes sólo se transportaban en caballos.

    Para el 24 de enero de 1924 el camino entre Villazón y Tarija ya se había concluido y es la Prefectura de ese departamento que pidió al gobierno su inauguración tras siete años de construcción incesante.

    Silvano Calle asegura que la íntima relación no sólo se debe a las vías de comunicación que interconectaron a ese poblado fronterizo con Tarija, antes que con Potosí, sino a las costumbres, forma de vida y características de los originarios que aún habitan en el área rural de Villazón, pero en cantidades reducidas, como en Lonte y Molino que tienen continuidad geográfica con ese departamento.

    Las tonadas, el contrapunto, las ruedas, los platos típicos, las bebidas como la chicha, la producción de viñedos y sus derivados, hasta la ropa de las chapacas originarias y el tono de pronunciación del idioma español son algunos de los parecidos que tiene esa población sureña con Tarija.

    Silvano Calle, primer socialista del pueblo, quien ahora reclama a los pobladores la reivindicación de Villazón.

    Selección de Básquet de Villazón 1950 en Sucre. De izquierda a derecha: Pedro Villegas, Hugo Galván, Francisco Cayo, Dino Sivila, Adolfo Chosco, Mussi Abdenur (argentino), Benjamín Escobar, Virgilio Salazar, Raúl Chosco, Alberto Alcázar, Alfredo Porcel, Edgar Arduz.


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